Antes de ser ESCO, antes de las canciones y antes de URÓBOROS, estaba Dom Escobar. Originario de San Diego, California, su relación con la música comenzó mucho antes de imaginar que algún día se convertiría en una forma de entenderse a sí mismo. “Cuando estaba chiquito me gustaba mucho cantar karaoke”, recuerda. La afición llegó a tal punto que terminó rogándole a sus papás para que le compraran su propio set de karaoke y poder cantar en casa. A los quince años comenzó a rapear y escribir sus propias letras durante su tiempo libre, hasta que su tío le regaló su primer micrófono, un Yeti Blue, y aquel objeto se convirtió en uno de sus primeros acercamientos reales a la posibilidad de ser artista.

Su historia, sin embargo, nunca estuvo completamente construida alrededor de la música. Durante toda su vida ha sido deportista y atleta, una parte importante de su identidad que todavía permanece presente aunque actualmente no sea el centro de su proyecto artístico. La música llegó desde diferentes lugares y fue cambiando junto con él. Eminem fue una de sus primeras grandes influencias y la razón por la que comenzó a rapear en inglés. Le atraían “la agresividad de su voz y los flows que sacaba”, mientras que posteriormente artistas como Zoé y Gustavo Cerati comenzaron a transformar su manera de escribir y lo acercaron hacia un sonido más alternativo y melancólico. Bad Bunny, por otro lado, fue quien lo llevó hacia el trap en español y el reggaetón, después de haber crecido escuchando a Daddy Yankee, Wisin y Yandel, entre muchos otros.
Su universo musical se terminó formando a partir de referencias tan distintas como The Marshall Mathers LP, Barrio Fino, Aztlán, x100pre, 40 oz. to Freedom, Canción Animal, Section.80, Views, Bocanada y The Queen Is Dead. Una colección que atraviesa rap, reggaetón, rock alternativo, hip hop y sonidos melancólicos, pero que también revela una búsqueda constante por encontrar distintas maneras de expresar lo que siente. Porque si hay algo que aparece por encima de cualquier género, artista o disco, es una experiencia mucho más personal: el amor.
“Me inculcaron desde muy temprana edad siempre amar con todo mi corazón”, explica ESCO. Para él, esa forma de relacionarse con los demás no se limita a las parejas, sino también a los amigos y a la familia. Sin embargo, amar de esa manera también significa aceptar la posibilidad de salir herido. “El amor/desamor siempre ha sido un constante en mi vida y en mi música”, reconoce. Esa relación entre amar profundamente y exponerse al dolor terminaría convirtiéndose en uno de los puntos de partida de URÓBOROS
ARTISTA
ESCO nace precisamente de esa necesidad de convertir lo que siente en algo que pueda expresar. Su proyecto está construido alrededor de su vida amorosa, pero también alrededor de una voluntad mucho más amplia: sentirse cómodo hablando de aquellas emociones que muchas veces preferimos esconder. En su caso, la vulnerabilidad no aparece como una estrategia estética, sino como una parte natural del proceso creativo. Lo que ocurre fuera de la música termina entrando en ella y, eventualmente, adquiere otra forma.
Esa conexión entre vida y creación explica por qué sus influencias pueden convivir de una manera tan amplia. El rap agresivo de Eminem, el reggaetón de Daddy Yankee, el trap de Bad Bunny, la melancolía de Zoé y Cerati y todas las demás referencias que han acompañado su recorrido pueden cambiar la forma del sonido, pero existe algo que permanece: la necesidad de hablar desde lo personal.
Cuando llegó el momento de crear URÓBOROS, esa frontera prácticamente desapareció. El concepto no surgió de una estrategia para construir un álbum, sino de una etapa que ESCO estaba viviendo. “El concepto de un ciclo perpetuo de autodestrucción ya existía antes de cualquier canción”, explica. Era una manera de describir lo que estaba sucediendo dentro de él antes de que existiera una sola canción capaz de ponerlo en palabras.

ÁLBUM
La primera canción que escribió para el proyecto fue no + que yo. Días después llegó FOMO, y esas dos canciones terminaron revelando algo que hasta entonces quizá había permanecido disperso. “Ahí fue donde aterricé por completo la idea de jalar y empujar de emociones”, cuenta ESCO, “donde de verdad me di cuenta de lo que había estado haciendo; llenando mis vacíos con alguien más”.
A partir de ahí, el proyecto comenzó a tomar forma con una velocidad inesperada. Todas las canciones fueron compuestas en aproximadamente dos meses y, contrario a lo que podría imaginarse al tratarse de una obra nacida de una etapa emocionalmente complicada. “Irónicamente, estar en mi peor momento dejó que crear fuera más fácil que nunca”, dice.
URÓBOROS nació aproximadamente un año después de su ruptura y poco más de medio año después de tocar fondo. Para entonces, la distancia temporal no necesariamente significaba que todo estuviera resuelto. Había todavía emociones, patrones y preguntas que seguían presentes, pero ahora existía una manera de convertirlas en canciones.
El resultado es un recorrido emocional que atraviesa distintas etapas de su mente y su corazón. El comienzo representa el intento de llenar los vacíos a través de otra persona; después del interludio aparece la conciencia de que todavía no ha olvidado y de que quizá no ha sanado de la manera correcta; finalmente llega la aceptación de que todo terminó y que no volverá a suceder. No es una historia completamente lineal porque las emociones tampoco lo son, pero sí existe un movimiento que lleva de la negación hacia una nueva forma de entender la pérdida.

CONFLICTO
Después de la ruptura, ESCO siente que permaneció atrapado en la negación durante mucho tiempo. Seguía existiendo el deseo por otras personas, aparecían patrones que él mismo reconocía como dañinos y una parte de él continuaba pensando que su amor por aquella persona todavía estaba vivo. “El tema de pérdida fue el más difícil para mí enfrentar”, reconoce, y es precisamente ahí donde canciones como no + que yo, nunca volverás y nunca sucedió u.u encuentran su lugar dentro del proyecto.
El conflicto no estaba necesariamente en querer regresar, sino en no haber terminado de aceptar que algo había terminado. Esa diferencia hace que URÓBOROS se mueva constantemente entre dos extremos. ESCO puede sentirse listo para explorar nuevas posibilidades, conocer personas y avanzar, pero también puede encontrarse al día siguiente regresando a los mismos patrones y al mismo anhelo.
Por eso le resulta difícil elegir entre no + que yo y no me beses cuando piensa en las canciones que mejor representan ese proceso. “Esas dos son la representación del empujar y jalar en el que me he encontrado durante mi proceso de sanar”, explica. Un día existe la sensación de estar listo para explorar “el mar lleno de personas” que todavía puede conocer y al siguiente aparece nuevamente aquello que creía haber dejado atrás.
Lo interesante es que este proceso nunca se convirtió en una razón para dejar de crear. Para ESCO, incluso cuando apareció la posibilidad de no hacerlo, la música continuó siendo la respuesta. “Para mí no hay otra manera más que la música”, afirma. La ruptura, los vacíos, la sanación y el momento de tocar fondo no fueron elementos que posteriormente se incorporaron al álbum: fueron precisamente las experiencias que hicieron posible que existiera.

TRANSFORMACIÓN
La transformación de URÓBOROS no ocurre simplemente porque una ruptura se convierta en música. Ocurre porque después de atravesar todo aquello, ESCO descubrió que todavía era capaz de sentir de la misma manera. Después de escribir sobre la pérdida, la negación y los patrones que quería dejar atrás, no terminó convencido de que amar fuera el problema.
Terminó creyendo todavía más en el amor.
“Lo más cabrón que descubrí de mí durante el proceso de crear URÓBOROS fue que, después de pasar por todo lo que pasé y ponerlo todo en letras y canciones enteras, todavía siento en mi corazón”, cuenta. “Todavía creo en el amor y todavía lo veo como el arma más poderoso que tenemos como seres humanos; siempre siempre siempre hay que amar.”
La frase cambia la manera en que podemos entender el proyecto. URÓBOROS no es necesariamente una historia sobre aprender a dejar de amar para evitar volver a sufrir. Tampoco parece buscar una ruptura definitiva con el pasado. Lo que aparece es una transformación mucho más compleja: aceptar que algo puede terminar sin dejar de haber existido.
Una relación puede desaparecer de nuestro presente y continuar formando parte de nuestra identidad. Las personas dejan recuerdos, experiencias, cambios y etapas que no pueden simplemente eliminarse porque una relación llegó a su fin. Para ESCO, aquello que alguna vez sintió puede convertirse en memoria, nostalgia, aprendizaje, inspiración o música.
Y quizá ahí está una de las ideas más importantes detrás del proyecto: sanar no necesariamente significa borrar.

CICLO
La imagen de la serpiente devorándose su propia cola es antigua y ha sido utilizada como símbolo de continuidad, destrucción y creación. En URÓBOROS, ESCO toma esa imagen y la lleva hacia un terreno completamente personal. Para él representa “la unidad de todas las cosas materiales y espirituales, que no desaparecen nunca, sino que cambian de aspecto en un ciclo perpetuo de destrucción y creación”.
Su interpretación encuentra una imagen todavía más íntima en la idea de un mosaico. “Mi amor por alguien no dejará de existir, sino, se quedará conmigo como un azulejo que forma parte del mosaico que es mi alma”, explica. Las experiencias compartidas, los cambios y las distintas etapas vividas con una persona no pueden simplemente desaparecer porque la relación terminó. Se transforman y encuentran otro lugar dentro de nosotros.
Por eso, quizá el objetivo nunca fue romper el ciclo de amar y destruir. “En vez de buscar romper el ciclo de amar y destruir, hay que saber cómo transformar nuestro amor en algo que solo se podrá destruir cuando nos vayamos de este plano”, dice ESCO.
Desde ahí, URÓBOROS deja de ser solamente la historia de una ruptura y se convierte en algo que puede pertenecerle a cualquiera. A quien está enamorado y busca una canción para dedicar, a quien está comenzando a conocer a alguien, a quien está atravesando una ruptura o a quien simplemente está intentando concentrarse en sí mismo. ESCO quiere que cada persona pueda encontrar una parte de su propia historia dentro del proyecto, porque aunque las circunstancias cambien, hay emociones que terminan siendo universales.
“Todos hemos pasado por rupturas difíciles y todos nos hemos tenido que reconstruir, todos hemos tenido que volver de las cenizas”, explica.
Esa reconstrucción es quizá el punto donde la historia personal de ESCO deja de ser únicamente suya. Lo que comenzó como una ruptura, como un momento de negación y como un intento de llenar vacíos con alguien más, terminó convirtiéndose en un álbum sobre aquello que permanece después de que todo cambia.
El amor puede transformarse en memoria. El dolor puede transformarse en música. Una persona puede dejar de estar presente y continuar formando parte de nosotros. Y una etapa que parecía terminada puede regresar, no necesariamente para repetirse, sino para ser entendida desde otro lugar.
Nada deja de existir, solo se transforma.
Quizá URÓBOROS no es la historia de alguien que finalmente logró escapar del ciclo. Es la historia de alguien que entendió que algunas cosas no necesitan desaparecer para que podamos seguir adelante. A veces basta con encontrarles un nuevo lugar dentro de nosotros.
Y quizá el ciclo no termina cuando termina el álbum.
Quizá simplemente vuelve a empezar.
ESCO
Álbum
Producción musical — LowAngels, SXINT GERM, Valentina Aguilar.
Mix & Master — LowAngels
Feat. — Valentina Aguilar, Letters From My Garden (Quimeras)
Escrito por — ESCO
Proyecto visual
Dirección creativa — Sushijuanpe
Project Manager — Ariana Rodríguez
Dirección — Sushijuanpe / Cinemaury
DOP — Cinemaury / Sushijuanpe
Camera Op — Shotbycristo
AD — Sagiaria_
1st AC — Hugogaston.jpg
2nd AC — Rodriijinu
Edición — Sushijuanpe
Color — Cinemaury
BTS — Hugogaston.jpg
Extras — Cielo_mz